CUENTOS


GRACIAS A LA BASURA EXISTO

Soy una caneca de basura, un lugar donde los humanos depositan todo aquello que ya no les sirve y que con el pasar del tiempo terminan siendo mi única razón para sonreír. 

Cada vez que alguna de las personas con las que vivo decide arrojar “basura” dentro de mí, recuerdo el día en el que me compraron. Una  linda cesta naranja con flores, a la cual escogieron en medio de muchas otras grises que se encontraban en aquel almacén. Recuerdo cómo la pequeña de la casa fue quien pidió a su madre que me comprara, porque mi color era su color favorito, cómo al llegar a casa estuve vacía por un largo tiempo  y de pronto únicamente arrojaban a mi nada más que papeles.

Hoy, después de muchos años  de servir con gran utilidad, puedo ver  a mi alrededor algo que para ese momento me hubiese parecido imposible, una niña convertida en mujer, una familia con problemas de desorden  y una cesta de basura maltratada por el transcurso de los años, llena  de mugre y con  esas lindas flores azules, que tenía el día  de mi elaboración, casi borradas. 

Estropeada, afeada, casi inservible y envejecida, pienso que no lamento ninguno de los días que viví con estas personas, puesto que entre tantas cosas he sido testigo de que como yo a esta  modesta morada han llegado otros objetos, desde alimentos  donde sus envolturas terminan dentro de mí, hasta unas lámparas  carísimas que el  perro rompió, o eso lindos poemas que Natalia escribía para su novio, escritos mil y una veces con dibujos y aromas de diferentes perfumes, siendo estos la única fragancia agradable  que  se desechaba en esa casa y que por supuesto yo debía percibir. 

Bueno en fin, escritos que ella jamás entregaba y que según les decía a sus amigas no lo haría a causa de su vergüenza, gran fortuna para mí, ya que durante todos estos años mi único consuelo ha sido leerlos una y otra vez porque ya no los escribe.

Así, como cada cosa, ya sea costosa o barata, es adquirida por esta familia, luego de deteriorarse (igual que yo)  es descartada y termina su función, para terminar dentro de mí y luego ser transportada en una bolsa hasta un camión para llegar a un remoto  lugar que aún no conozco. Y no lo conozco porque he tenido la fortuna de no ser  basura sino basurero, elemento indispensable en una vivienda.

Eso soy yo, una pobre víctima del trabajo, capaz de contener  muchas cosas, testigo de orgullos y vergüenzas de esta gente culminadas en mi.

Pero que a pesar de todo ello, del mugre y mi desagradable olor, sigo ahí firme, dispuesta y sobre todo agradecida de continuar aquí a pesar del tiempo con sólo una dificultad, no poder hablar y darle las gracias a estas personas por aun hacen uso de mi.






LIBRO VIEJO
Por: Jeisson Contreras

Aquel libro que  descansa  sus  hojas agotadas
 y dobladas
Ni el viento,
ni el agua podrán borrar  lo amarillo de sus páginas.

Viejo sin brillo...
el libro es sabio aunque sus recuerdos sean borrosos.

Aquellas letras desgarradas por el tiempo
son parte ahora del libro olvidado,
aunque felizmente éste descansa esperando
a que un fuerte poniente haya levantado su gruesa pasta.

Ojalá sus páginas resecas
puedan refrescarse con el roció de todas las mañanas.
Así es como alguien puede rescatarlo
de su soledad
y sus páginas amarillas quiten
ese camuflaje de aquella maldita pasta,
de color verde pasto.

Este personaje muy triste
y sin esperanzas,
simplemente quiere
que levanten su vago cuerpo,
para así solamente relajar su espalda de la humedad
y secarla del agua que lleva alli
hace un gran tiempo,
aunque el pasto lo mira con pena ajena,
él sabe que todavía es fértil
y no está muerto.

Porque un libro no es como cualquiera.
Ellos moldean el conocimiento
y cosechan  las ideas,
aunque a éstas las crean muertas.

Algún día como cualquiera
cuando apenas se asoma el sol,
cuando se aproxima esa aura que transpira interés,
como aquella zozobra no habrá,
pues el libro no fue recogido,
porque apenas  la sombra de esa  persona lo tomó,
éste se despedazó,
pues el poco aliento que ella tenía,
llegó hasta que al fin lo agotó.

Es por ello que el gran libro
y sus muchas letras
quedaron en parte
de la memoria de los pocos locos
que se atrevieron a valorar sus páginas.

Lo bueno de éste y muchos libros
es que se pueden resucitar,
no con electricidad,
pero sí con la amabilidad de arreglarlo
y la esperanza de leer
lo que muchos no pueden ver.

Atrévete a salvar los libros viejos
que de viejos sólo su estructura,
pero aquellas letras
jamás  se borraran
de aquellas pocas personas
que valoran su literatura.


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